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Obras completas Juan Antonio Gaya Nuño
Obras completas Juan Antonio Gaya Nuño
  • Gaya Nuño el Numantino por Enrique Andrés Ruiz
Gaya Nuño el numantino
Gaya Nuño el numantino
Fundación amigos del prado
Fundación amigos del prado
Gaya Nuño en la cárcel, supuestamente Valdenoceda,
Gaya Nuño en la cárcel de Valdenocela
Foros castilla
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Diario de León
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El Mundo es pequeño
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Gaya y Miro
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Semana histórica y Gaya
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Un gran soriano olvidado
Un gran soriano olvidado
Difundir el legado
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La Guerra Civil, según el historiador de arte Gaya Nuño
La Guerra Civil, según el historiador de arte Gaya Nuño
pasión por el arte
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Primavera Soriana
Primavera Soriana

Gaya Nuño Salvo la Virgen

Gaya Nuño salvó a la virgen
Gaya Nuño salvó a la virgen
historia de un cautivo
historia de un cautivo

Sobre el guernica
Sobre el guernica
Gaya Nuño en la cárcel, lugar y fecha no determinado, fuente centro cultural gaya nuño
Gaya Nuño en la cárcel

Valdenoceda
Valdenoceda
  • Noticiario de la época. Día de celebración de la boda del padre de Juan Antonio Gaya Nuñó

La Provincia 5/02/1907

Bellas Artes sept. 1976

https://www.facebook.com/pg/valdenoceda.exhumacion/community/?ref=page_internal

«Y el siete de octubre, el mismo día de la caída de Varsovia, me avisaron que saldría de la estación del Norte rumbo a Valdenoceda en Burgos.» Corría el año 1939, y el que partía hacia la Prisión Central de Valdenoceda para cumplir allí su condena era Juan Antonio Gaya Nuño. Esto, y muchas cosas más, recordaba su esposa, la poeta y ensayista Concha de Marco, en 1976 al redactar sus Memorias, que se han publicado el año pasado, casi 30 años después del fallecimiento de la autora, acaecido en 1989.

Juan Antonio Gaya Nuño [en adelante aquí JAGN] había nacido en 1913 en la localidad soriana de Tardelcuende, donde su padre ejercía como médico rural. Posteriormente, en 1919, …….ver mas en:  https://m.facebook.com/groups/124228874264567?view=permalink&id=2392086544145444

Gaya Nuño, ni cautivo ni callado, autor de la mejor novela sobre la guerra de Marruecos

  • «La dignidad hizo libre a Gaya Nuño. Su calidad y su magisterio se impusieron y, para beneficiarnos de ello, tenemos su obra crítica, escrita con excelente prosa»
  •  ‘En tiempos de rearme’, una serie sobre mujeres y hombres que lucharon de una manera u otra por deslegitimar la violencia como forma de regular conflictos

Los “felices años veinte” no lo fueron para miles de familias españolas que vieron cómo mandaron a sus hijos a luchar a África. Muchos no volvieron ni vivos ni muertos, puesto que los cuerpos quedaron descompuestos al sol. Otros más regresaron mutilados trastornados para siempre por todo lo que vieron y tuvieron que vivir. 1921 fue el año del Desastre (también así se llamó a las pérdidas de las colonias en 1898), es decir, de los trágicos sucesos de Annual (Dar Drius, Monte Arruit, Igueriben…) en los que perecieron miles de soldados en apenas unos días.

Ni siquiera hoy contamos con datos fiables de la cantidad de muertos que supuso esta absurda guerra, ni por el bando español ni por el marroquí. La dramática experiencia de la guerra, ausente España de la Primera Guerra Mundial, fue ofrecida por la guerra colonial contra las cabilas rifeñas, que simplemente se defendían.

Algunos escritores importantes relataron los hechos en clave biográfica porque les tocó ir. Así fue para José Díaz Fernández (1898-1941), Arturo Barea Ogazón (1897-1957) y Ramón J. Sender (1901-1962), de orígenes salmantino, pacense y oscense, respectivamente. Murieron en el exilio (Francia, Inglaterra y Estados Unidos) al que partieron después de la guerra civil, porque apoyaron al bando republicano.

Si quieren comenzar con algo ligero, lean la breve “novela” vanguardista del primero, El blocao (1928), compuesta de siete relatos autónomos. El título alude a los blocaos (castellanización de blockhaus), posiciones avanzadas construidas con materiales efímeros (madera y sacos terreros) defendidas por una pequeña guarnición que servían para vigilar y proteger los campamentos. Imán (1930) y La ruta (segunda parte de la trilogía La forja de un rebelde), de Sender y Barea, afortunadamente han pasado al canon de la literatura en español. Dos relatos brutales sobre lo insoportable de la guerra. Porque la vivieron.

Gaya Nuño, brillante historiador del arte y crítico. Tenía ocho años cuando los rifeños hirieron el “orgullo español” y en una tierra como Soria (en toda la España interior) la fractura fue tremenda

Pero les quiero hablar de una cuarta obra, poco conocida, debida a un autor que no estuvo en la guerra marroquí, el soriano Juan Antonio Gaya Nuño (1913-1976), brillante historiador del arte y crítico. Tenía ocho años cuando los rifeños hirieron el “orgullo español” y en una tierra como Soria (en toda la España interior) la fractura fue tremenda. Baste decir que sólo de esta pacífica provincia fallecieron sin entender nada en aquellas tierras extrañas más de cien jóvenes, un altísimo número comparado con el porcentaje de alistados fallecidos en grandes ciudades.

En 1923, la prensa soriana informaba de que Julio Vidal, un “cautivo exprisionero de Abd el-Krim, bajo cuyo dominio estuvo 18 meses y 6 días”, había llegado finalmente redimido a su casa en El Burgo de Osma. Estas historias impactantes, amplificadas por la prensa una y otra vez, homenajes y sermones, eran la comidilla de hilorios (seranos, filandones) durante meses en los pueblos, expectantes por el destino de los mozos propios que habían sido movilizados. Y, cada muy poco, los muertos, los retornados heridos, los que volvían tarumbas.

Marruecos se “pacificó” en 1926. Pocos años después, los africanistas dirigieron el golpe de Estado contra el gobierno legítimo de la Segunda República y ganaron la guerra. Durante la misma, los sublevados asesinaron en los primeros días al padre de Juan Antonio, médico republicano, sensible a los problemas de los pobres. Ocurrió en la ciudad de Soria, donde los “nacionales” entraron sin resistencia, paseando y sin pegar un solo tiro. Enterado de los hechos, su hijo, a la sazón en Madrid, se alistó en las milicias republicanas y organizó el batallón Numancia, con el que combatió hasta el último día en el frente de Guadalajara.

Gaya Nuño fue condenado a veinte años de cárcel, conmutada luego a doce. Pasó por el campo de concentración madrileño de Santa Rita, el horrible penal burgalés de Valdenoceda y (como castigo por desobediente) la cárcel de Las Palmas de Gran Canaria, una bendición porque huyó del frío. Salió el libertad condicional en 1943, con destierro en Bilbao. Hasta 1954 no se extinguió la condena.

Los sucesos marroquíes se habían olvidado, pero no para Juan Antonio, que escribió Historia del cautivo (Episodios nacionales) en 1966. Se publicó en México por la censura. Es una portentosa novela, escrupulosamente documentada, con personajes reales y de ficción. Los tintes cervantino y, principalmente, galdosiano, son evidentes desde su frontispicio. El antihéroe que la protagoniza podría ser cualquiera, un cínico buscavidas, pero se reserva la crítica demoledora para los poderosos, y ahí no dejó títere con cabeza, con especial atención a Alfonso XIII y al vizconde de Eza, cacique de Soria y ministro de la Guerra cuando el Desastre, responsable de la hecatombe marroquí. Un Marichalar, vamos, bisabuelo de Froilán y Victoria Federica. Se lavó las manos y a otra cosa. Continuamente se denuncia la corrupción entre los mandos del ejército, su patriotismo de buena vida, cultura escasa y modos brutales, y se muestra una precisa estampa que explica muchos de los porqués de lo que pasó.

El demoledor informe Picasso, que encargó el nuevo gobierno para depurar responsabilidades (y que Gaya, dijo su viuda, se sabía de memoria), no pudo llegar a debatirse porque el general Miguel Primo de Rivera, vástago de una familia terrateniente jerezana, dio un golpe de Estado en 1923. “Desastre” tras “desastre, no se podía cuestionar al ejército español. El rey, faltaría más, aceptó entusiasta la situación. El mismo al que Gaya hace decir (como para publicar la novela en España), cuando le informan de la cuantía del rescate de los prisioneros que ha hecho Abd el-Krim: “¡Pues no vale poco cara la carne de gallina!”.

Para quien esto escribe Historia del cautivo es la mejor novela sobre la guerra de Marruecos. Sólo se encuentra hoy disponible la edición de Biblioteca Castro en el primer volumen de las Obras Completas (literarias) del soriano. Búsquenla en bibliotecas, pero si deciden invertir los 48 euros que cuesta sepan que los réditos serán muy altos.

Todos los autores aquí citados empuñaron las armas. Díaz Fernández y Barea en Marruecos, Gaya en el bando republicano que defendía la legalidad en la guerra civil y Sender en ambas contiendas. No es la mejor carta de servicios pacifistas, pero los cuatro escribieron contra la guerra, porque la conocieron desde bien dentro, sabían quiénes morían y quiénes se lucraban con ella, los mismos que la promovían. Y lo denunciaron públicamente. En cierto modo, son la contraparte hispana del alemán Erich Remarque. Su participación en la Primera Guerra Mundial y su conocimiento de las trincheras fueron la materia base para escribir Sin novedad en el frente (1929), novela considerada inaugural de la literatura antibelicista.

Gaya Nuño resistió toda la dictadura viviendo en su país. Escribió como un poseso sobre temas artísticos para ganarse la vida. Cautivo por su tragedia familiar, de la que nunca habló, no calló. Ni cayó, a pesar de que nunca pudo acceder a la docencia y tuvo cerrada toda actividad laboral en institución alguna. Su dignidad le hizo libre. Su calidad y su magisterio (sin alumnos) se impusieron, y para beneficiarnos de una y otro tenemos toda su obra crítica, escrita con excelente prosa, por cierto, y su cima literaria, la Historia del cautivo.

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